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Alfonso,
tengo que contarte algo
Rosa JIMÉNEZ CANO (Madrid)
Alfonso
Navalón Grande nació en la calle de las Bocas de Huelva el 5 de abril
de 1933. Dijo adiós a la vida en su domicilio de Salamanca, con serenidad,
consciencia y acompañado de los suyos, el 27 de agosto de 2005, víctima
de cáncer. Recibió sepultura junto a su finca de El Berrocal, en el panteón
familiar de Fuentes de Oñoro al día siguiente.
Alfonso, imagino que después de tanto
ajetreo ya estarás mucho más tranquilo, porque no sabes la que has liado.
Te lo tengo que decir porque nosotros dos siempre nos contábamos todo
sería una traición no decirte cómo ha sido tu adiós.
El sábado, como sabrás, después de ver la corrida de Victorino
en casa, cuando Sol me dijo que querías hablar conmigo, nos despedimos.
Tenías la cabeza como siempre y seguiste siendo un tío de una pieza.
Ya te dije todo lo que siempre supiste y tú me contaste, casi en un
susurro, lo que esperabas de mi. Te dejé, mientras nos apretamos la
mano, un beso, y al darme la vuelta, ya con lágrimas, sentí que merecías
uno más. No querías verme así y me diste en la pierna para que saliese
a hacer un último recado. Te despedí llevándome la mano al corazón,
para que supieras que siempre te iba a llevar ahí dentro.
Me dio tiempo a decir adiós de tu parte a los amigos del Portal, pero
antes de ir a ver a Nachi, como tú querías, llamó Sol para decir
que te habías ido de este mundo. Nos vinimos abajo, pero no hubo tiempo
para lamentos. Cerezo se portó muy bien con todos, hasta te estuvieron
preparando un traje para que estuvieras como siempre fuiste, un tío
elegante con un travieso pañuelo de tu colección asomando en la chaqueta.
Me tocó llamar por teléfono a tus amigos, esos que te admiraban y defendían
a capa y espada.
Prefiero no contarte cómo fue esta noche porque no te iba a gustar.
La mañana del domingo tampoco fue gran cosa, pero pudimos pasar lista
de los que te querían de verdad. Paquito Cañamero tuvo un detalle
bonito en Tribuna y no ha parado de publicarte cosas. Aunque lo que
más me ha gustado ha sido el artículo de Perelétegui en El País,
se nota que te conocía bien. En El Adelanto también echaron el resto
y pusieron el que iba a ser tu primer artículo ahora en septiembre.
De nuestra Pedrero casi que no te digo nada porque no vamos a descubrir
ahora que escribe como los ángeles.
Ya ves que la feria no va a ser la misma. En realidad, tampoco lo será
Salamanca. Según paseaba por la ciudad notaba que se cerraba un ciclo:
el Gran Hotel camino de ser un solar, el Breton en ruinas, tú en una
caja de pino y el mesón de La Rad, el de la señora Lauri, debajo
de la autovía.
Sé que todo el mundo está contando dónde escribiste, los premios que
tenías y no sé cuántas cosas más de mala baba que no sé de dónde lo
habrá sacado porque con los que te iban de frente eras un "cachopán".
Por si en el largo viaje quieres recordar tu otro viaje, el de los Toros
del Sol te pusimos el libro contigo, dentro van unas cartas de Sol y
"Yoyota" y también fotos de Borja. Igual por ahí arriba te encuentras
con los protagonistas, o con algún "indocumentado" que no se
ha enterado que era texto oficial de español en la Universdad de Paris.
Eso yo ya lo sabía antes de conocernos en Zamora y pasar aquel San Isidro
en que José Tomás se dejó un toro vivo entre tertulias de humo
y copa de balón. Sólo nos faltaba Carmen Esteban para completar
un podium de bohemios.
Después vinieron las visitas al Berrocal, unos pocos tentaderos y un
montón de viajes en los que me decías que te recordaba a ti cuando empezabas.
Anda, que si no me metía yo en un berenjenal lo hacías tú.
Acuérdate de cuando quisimos ir
de furtivos a hacer un reportaje a "hernandinos" y terminé gripando
el motor. Menos mal que como salías en la tele, el frutero del pueblo
remolcó el coche y dejamos las llaves en la Fonda "El Porvenir",
a mi no me convencía mucho pero insiste tanto que accedí. A mis ojos,
haber toreado un festival a beneficio de la dentadura postiza del cura
del pueblo en los sesenta con aquel tipo no era suficiente motivo para
dejarle las llaves; pero poco lejos iba a ir si tan siquiera arrancaba...
Desde luego, mi coche va a echar de menos que quitaras la radio de cuajo
para echarte la siesta o los viajes para tomar "caldo verde"
y vinito blanco a Almeida. Echaré en falta las conversaciones aquellas
sobre mis "eternos amores efímeros", en eso también nos parecíamos.
Ya, Alfonso, ya sé que me estoy yendo del tema, pero esta es la última
vez que te escribo y sé que no querrás contestarme. Tranquilo que esto
no dura mucho más. El lunes no quise quedarme por ahí, seguro que me
hubieras regañado por seguir pasando mal rato y vine a hacer como la
que la vida seguía. Llamó Carine la de Antoñete para darme
ánimo, igual que Julio Stuyck y tantos otros. Pero claro, imagina
la llantina que me paso con cada uno... Menos mal que en la radio con
Vicente Parra y Manolo González, aguanto bien el tipo.
Eso también me lo enseñaste, cuando contabas la historia de los payasos
que con la madre de cuerpo presente seguían con la función. No es nada
nuevo, Mendes también lo hizo cortando una oreja en Madrid con su padre
sin enterrar.
En el rato final, antes de ir camino de Miróbriga por última vez, pasó
a verte más gente, justo es decir que Arancha, Andrés Sánchez,
Paquito, José Dani y Cerezo no te dejaron ni un
minuto. También estuvo Luisa, de quien siempre me hablaste con
cariño. De tus amigos no faltó Adrián con su señora ni Alberto
Estella al que siempre preocupabas tanto. Del 7, esos que decían
que tú adoctrinabas, vinieron Miguel "el montañero" y
Facundo, nuestro arquitecto con alma de niño.
Con Fernando Vegas íbamos recordando los disgustillos que nos
dabas por esa afición tan tonta que tenías a meterte en líos. En fin,
como él era tu abogado es una manera de darle trabajo. Y nos acordamos
de las historias de esta feria.
No quise entrar en la iglesia de Fuentes de Oñoro, es que no se cabía,
pero hasta te leyeron una carta de la Asociación de Mayorales. ¡Qué
bonito! Contigo estaban unidos los que más viven el campo, tu pasión
más políticamente correcta.
¡Ah! Que no se me olvide. Hice las paces con Juan Diego, es una
pena que Blanco, el fotero, no estuviera con la cámara, y el amo Mariano,
que estuvo, no mandase un propio para inmortalizar el momento. Le dije
que me perdonase si alguna vez le hice daño, le tendí la mano y le recordé
que sin ti, teníamos algo en común: "Ahora, Juan, ni tú ni yo tenemos
quien nos defienda". A ti las verónicas de este chico te traían
de cabeza.
Me encontré con Diniz, el vaquero que tanto te crispaba y era
disk jockey nocturno, tenías razón estaba liado con la niñera de Borja.
Según me dijo tenían una niña y todo. Agustín, el del Frango,
estuvo cariñoso y hasta contento al saber que Pochi, Estrella
y Sol estaban hechos una piña auténtica.
Tus hermanos Tony y Carlos -me recordaron que sigo teniendo
casa en Ciudad Rodrigo y Salamanca- estarán al quite con ellos, así
que puedes quedar tranquilo.
Entre lágrimas te dejamos en el panteón donde están los tuyos, los sollozos
los acallamos todos con una ovación que si llega a ser en el ruedo,
te habría obligado a ir más allá del tercio. ¡Qué digo! Saludar en los
medios tampoco es suficiente. Igual hasta una vuelta al ruedo recreándote
en la suerte y dejándote ver que es como te gustaba. Siempre tan presumido.
Antes de volver al coche y huir cabizbaja a Madrid escuchando al Fenicio
en la radio -aunque no lo creas, estuvo hecho un caballero, Pedro Jóder
también-, me besé los dedos y los planté en tu caja. Es todo lo que
te llevas de mi. Pero quiero que sepas que allí donde yo vaya, irá un
trocito de ti. Ni tú ni yo fuimos nunca unos sensibleros, por eso sabes
que el gesto de llevarme el puño al pecho era verdad, siempre te llevaré
ahí dentro, donde el cáncer te iba ya comiendo.
Nunca quise escribirte esto pero nunca tuvimos secretos.
Cuando lo leas sé lo que vas a decir, porque putearme era ya un vicio
para ti. Me vas a decir que soy una "tuercebotas", pero la culpa
es tuya, por irte tan pronto y dejarme el aprendizaje a medias.
Hasta la vista, mi amigo, maestro y confesor, donde quiera que estés,
en cuanto llegue por ahí, te pasaré a buscar.
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